Cuando Luis Carlos González Fernández habla de SuperGiz, no lo hace solo como fundador de una startup tecnológica, sino como alguien que ha pasado años escuchando, observando y aprendiendo de las personas a las que quiere ayudar. SuperGiz es hoy una startup española dedicada al desarrollo de prótesis personalizadas de extremidad superior mediante impresión 3D, pero su origen está profundamente ligado a una inquietud humana: cómo usar la tecnología para mejorar la vida diaria de las personas con discapacidad.
“Desde el principio tuvimos claro que la tecnología tenía que estar al servicio de las personas”, explica Luis Carlos, socio fundador de SuperGiz, 3D ImpresionART y Autofabricantes, un grupo de investigación multidisciplinar formado por diseñadores, ingenieros, programadores, expertos en robótica y terapeutas ocupacionales.
Detectar una carencia invisible
El germen del proyecto se remonta a hace más de diez años. Tras investigar por distintas vías, el equipo identificó un vacío importante en el mercado de las prótesis: la mayoría estaban pensadas para personas que habían perdido una mano completa, dejando sin soluciones reales a quienes tenían amputaciones parciales de dedos o palma.
“Nos dimos cuenta de que había muchas personas para las que sencillamente no existía una alternativa”, recuerda Luis Carlos. Al preguntar directamente a posibles usuarios, la respuesta fue aún más reveladora. “Nos decían que no querían una mano que pareciera una mano, sino algo que les ayudara a hacer cosas”, destaca el CEO de SuperGiz.
Ese cambio de enfoque marcó el nacimiento de SuperGiz, cuyo objetivo era dejar de intentar imitar la anatomía y centrarse en la funcionalidad, la autonomía y el uso real en el día a día.
Una prótesis que se adapta a la persona, no al revés
La solución que desarrolló el equipo se aleja deliberadamente del concepto tradicional de prótesis. SuperGiz creó un dispositivo personalizado, ligero y adaptable, compuesto por dos partes principales: una base hecha a medida —a la que llaman “el pulpo”— y un conjunto de accesorios intercambiables diseñados para actividades concretas.
Actualmente, el catálogo cuenta con más de 35 modelos diferentes que permiten desde acciones cotidianas, como subir una cremallera, hasta actividades complejas como montar en bicicleta, tocar la guitarra o nadar.
“Queríamos que la prótesis fuera una herramienta, no un objeto que condicionara a la persona”, señala Luis Carlos. El diseño, además, introduce un componente lúdico y emocional que conecta especialmente bien con niños y jóvenes, alejándose del estigma asociado a los dispositivos médicos tradicionales.
De la investigación a un proyecto con impacto real

Tras años de desarrollo, pruebas y validaciones, SuperGiz se consolidó en 2022 como el proyecto con mayor viabilidad y proyección del equipo. La iniciativa se estructuró con un grupo de socios que combina perfiles técnicos, financieros, sanitarios y de marketing, clave para afrontar el siguiente salto.
“No queríamos crecer deprisa, queríamos crecer bien”, afirma el fundador. La participación en distintos programas de apoyo al emprendimiento fue determinante para validar el modelo y afianzar su camino.
Hoy, SuperGiz trabaja desde La Nave, el mayor de los espacios de innovación del Ayuntamiento de Madrid, donde cuenta con tres contenedores que albergan su taller y laboratorio. Desde allí han invertido más de 15.000 horas en investigación y desarrollo, además de recibir premios y reconocimientos que también han servido como vía de autofinanciación.
Innovar con compromiso social
Aunque el proyecto aún se encuentra en proceso de obtener el marcado CE necesario para comercializar sus prótesis como producto sanitario, el impacto social de SuperGiz ya es tangible. Hasta la fecha, han donado más de 50 prótesis a usuarios particulares y organizaciones.
“No queremos quitar a nadie, sino ser una alternativa a lo que ya existe”, subraya Luis Carlos. Esa filosofía les ha llevado a priorizar el impacto social incluso cuando el camino regulatorio resulta complejo y costoso.
El reto del reconocimiento sanitario
El gran desafío actual de SuperGiz es la certificación sanitaria europea. Obtener el marcado CE implica estudios clínicos, controles de calidad y una inversión elevada, pero es un paso imprescindible para su siguiente objetivo.
“Conseguir esta certificación nos abriría la puerta a que nuestras prótesis entren en el catálogo de la Seguridad Social”, explica el CEO. Esto permitiría llegar a un número mucho mayor de personas en España y en el resto de la Unión Europea.
Paralelamente, el equipo trabaja en dos desarrollos clave para ganar escalabilidad: una aplicación móvil de escaneo 3D que permitirá a hospitales y profesionales médicos enviar medidas de forma remota, y un nuevo revestimiento interno hipoalergénico y transpirable que mejorará la comodidad y reducirá tiempos de fabricación.

Mirar más allá: Europa y Latinoamérica
Aunque SuperGiz está especializada en extremidades superiores, el equipo no descarta ampliar horizontes. Ya han desarrollado un prototipo para extremidades inferiores que, aunque está temporalmente en pausa, podría retomarse en el futuro.
Más allá del ámbito nacional, el proyecto mira con fuerza hacia Europa y Latinoamérica. En 2025, SuperGiz fue seleccionado entre los diez proyectos más innovadores del mundo en salud por la Agencia Nacional de Innovación de Uruguay, con vistas a establecer allí un laboratorio que actúe como puente hacia mercados como Argentina o Brasil.
“Sabemos que es un camino largo, pero seguimos adelante porque creemos en el impacto real que podemos generar”, afirma Luis Carlos.
Una convicción que resume el espíritu de SuperGiz: innovación con propósito, tecnología al servicio de las personas y la voluntad firme de devolver autonomía allí donde antes parecía imposible.